“La minería sostenible no es un eslogan: es un problema concreto de ingeniería, geoquímica y gobernanza”

Entrevista a Iván Soto, Profesional de Geoquímica de Relaves del Observatorio Regional de Relaves Mineros de Antofagasta (ORRM):

Iván Soto es geólogo egresado de la Universidad Católica del Norte en 1996, institución donde ha desarrollado su carrera académica durante casi tres décadas. Su interés por la geología surgió porque es una ciencia que obliga a conectar la observación directa del territorio con procesos que ocurrieron hace millones de años. La Región de Antofagasta es, en ese sentido, un laboratorio natural excepcional: aquí coexisten sistemas volcánicos activos, cuencas sedimentarias con registros únicos y algunos de los depósitos de cobre y litio más importantes del planeta. Iván Soto comenta que la geoquímica llegó como una necesidad de ir más allá del "qué son las rocas", para preguntarse "por qué tienen esa composición" y "qué procesos las generaron". En el contexto minero, esa pregunta adquiere una dimensión adicional: entender la composición química de los materiales que quedan después de la extracción es fundamental tanto para gestionar su impacto ambiental como para evaluar su potencial como recurso. En la actualidad, Iván Soto se desarrolla como profesional de geoquímica de Relaves del Observatorio Regional de Relaves Mineros de Antofagasta (ORRM).

A lo largo de su carrera ha desarrollado experiencia en geología, petrología y tecnología educativa. ¿Cómo se complementan estas áreas del saber?

Son tres escalas del mismo compromiso: entender, aplicar y transferir conocimiento. La geología y la petrología me dan el marco conceptual para analizar sistemas complejos; la tecnología educativa me proporciona las herramientas para hacer ese conocimiento accesible a quienes no son especialistas. En el trabajo con relaves mineros, esta integración es crítica. De nada sirve generar datos geoquímicos rigurosos si esa información no llega en forma comprensible a quienes toman decisiones técnicas, a las autoridades reguladoras o a las comunidades que conviven con estos depósitos. La tecnología educativa no es un complemento menor: es parte del ciclo completo del conocimiento.

¿Cuál es la importancia de la geoquímica en el análisis y gestión de los relaves mineros?

Los relaves son, en términos geoquímicos, materiales que han sido fragmentados mecánica y químicamente durante el proceso metalúrgico. Por lo tanto, su composición ya no refleja simplemente la roca original, sino una mezcla compleja de minerales residuales, compuestos de proceso y elementos traza que pueden movilizarse bajo ciertas condiciones ambientales. La geoquímica nos permite caracterizar esa complejidad: identificar elementos potencialmente tóxicos como arsénico, plomo o cadmio; evaluar su disponibilidad química; y predecir su comportamiento frente a variables como el pH, la oxidación o el agua. Sin ese diagnóstico, cualquier plan de gestión es especulativo. La geoquímica convierte la intuición en datos verificables.

Desde su experiencia, ¿cuáles son los principales desafíos que presentan los relaves mineros en la Región de Antofagasta?

La región concentra una parte importante del patrimonio minero del país y, por lo tanto, también de sus pasivos ambientales. Los desafíos estructurales son varios. Primero, la magnitud y heterogeneidad. Tenemos depósitos de distintas épocas, distintos procesos y distintos niveles de control técnico. Esa diversidad complica tanto el diagnóstico como la comparación entre sitios. Segundo, las condiciones climáticas específicas del desierto de Atacama. El ambiente árido parece una ventaja, pero la radiación UV intensa, los eventos de viento y los episodios esporádicos de precipitación activan procesos de oxidación y movilización química que no son triviales. Tercero, y quizás el más urgente, es la fragmentación de información. Muchos depósitos tienen caracterizaciones geoquímicas incompletas o desactualizadas. Saber con precisión dónde estamos parados es, literalmente, el primer paso para cualquier gestión responsable.

¿Qué avances tecnológicos existen actualmente para recuperar elementos de valor o reutilizar relaves en nuevos procesos productivos?

Este es el campo más dinámico hoy en minería. Vamos a distinguir dos líneas principales. Por un lado, la recuperación metalúrgica de elementos residuales de valor. Los procesos históricos no alcanzaban eficiencias del 100%; en cambio, hoy existen tecnologías de lixiviación en pilas, flotación selectiva mejorada y biohidrometalurgia que permiten recuperar metales que antes quedaban en el relave. Esto es especialmente relevante para cobre, molibdeno y, en algunos casos, tierras raras. Por otro lado, la valorización como material de construcción. Los relaves estabilizados geoquímicamente pueden usarse como agregado en matrices de hormigón o como material de relleno en minería subterránea. Ambas opciones requieren demostrar la estabilidad del material bajo condiciones de servicio, lo que vuelve a poner la geoquímica en el centro del análisis.

Usted también posee experiencia en tecnología educativa. ¿Qué papel juega la divulgación científica en temas tan complejos como los relaves mineros?

La divulgación no es un complemento al trabajo científico: es parte de su responsabilidad. En temas como los relaves mineros, donde la percepción pública suele construirse a partir de episodios de crisis o de información fragmentada, la comunicación sistemática y honesta es lo que permite construir confianza. La experiencia en tecnología educativa me ha enseñado que simplificar no equivale a trivializar. Es posible explicar mecanismos geoquímicos complejos de manera accesible sin perder la precisión que esos temas requieren. La clave está en partir de las preguntas concretas que la gente ya tiene, no de los conceptos que el investigador quiere transmitir.

Desde su mirada, ¿cuál sería la manera más efectiva de comunicar resultados de investigación en esta área del saber a la comunidad?

Empezar por las preguntas que la comunidad ya tiene, no por las respuestas que los investigadores quieren dar. Quien vive cerca de un depósito de relaves no necesita conocer la especiación mineralógica del arsénico: necesita saber si el polvo que respira representa un riesgo, si el agua cercana es segura y qué se está haciendo al respecto. La comunicación efectiva traduce la geoquímica a esas preguntas concretas. Formatos visuales, lenguaje directo, canales donde la gente efectivamente está. Y, sobre todo, coherencia en el tiempo: una sola comunicación no construye confianza, la construye la presencia sistemática y honesta ante la comunidad.

¿Qué desafíos existen para cubrir la brecha del flujo de información sobre esta temática?

El desafío principal es la fragmentación. Los datos existen, en informes de empresas, en tesis universitarias, en registros del SERNAGEOMIN, pero están dispersos, con formatos incompatibles y niveles de acceso desiguales. Por lo tanto, el Observatorio tiene un rol central: no solo generar datos nuevos, sino articular los que ya existen en una plataforma consultable y comprensible. Un segundo desafío es la temporalidad. Los relaves no son estáticos: cambian con el clima, con la oxidación, con el tiempo. Un análisis de hace diez años puede no reflejar el estado actual. Se necesitan sistemas de monitoreo continuo, no estudios puntuales que quedan obsoletos antes de ser comunicados.

Usted también posee experiencia en tecnología educativa. ¿Qué papel juega la divulgación científica en temas tan complejos como los relaves mineros?

La divulgación no es un complemento al trabajo científico: es parte de su responsabilidad. En temas como los relaves mineros, donde la percepción pública suele construirse a partir de episodios de crisis o de información fragmentada, la comunicación sistemática y honesta es lo que permite construir confianza. La experiencia en tecnología educativa me ha enseñado que simplificar no equivale a trivializar. Es posible explicar mecanismos geoquímicos complejos de manera accesible sin perder la precisión que esos temas requieren. La clave está en partir de las preguntas concretas que la gente ya tiene, no de los conceptos que el investigador quiere transmitir.

¿Cuáles son las oportunidades más prometedoras que observa para el futuro de la investigación y valorización de relaves en Chile?

Chile tiene una condición singular: somos el mayor productor mundial de cobre y acumulamos décadas de relaves con volúmenes considerables. Eso es, al mismo tiempo, una responsabilidad ambiental y una oportunidad económica. Las líneas más prometedoras son tres. Primero, la recuperación de cobre y molibdeno de depósitos históricos, hoy viable con tecnologías que antes no existían; algunos de estos depósitos pueden considerarse "yacimientos" en sí mismos. Segundo, la evaluación del contenido de litio y tierras raras en ciertos relaves del norte, un campo emergente a nivel global donde Chile tiene masa crítica para liderar. Tercero, la certificación de relaves estabilizados como material constructivo, lo que abriría un mercado subutilizado y reduciría la huella ambiental de la construcción regional.

Finalmente, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a quienes buscan comprender mejor los desafíos y oportunidades asociados a la minería sostenible?

La minería sostenible no es un eslogan: es un problema concreto de ingeniería, geoquímica y gobernanza. Lo que tenemos hoy en los relaves no es solo un pasivo ambiental heredado; es información acumulada sobre décadas de operación que, bien analizada, puede orientar mejores decisiones hacia adelante. El desafío es hacerlo con rigor, con transparencia y con participación efectiva de las comunidades que conviven con estos depósitos. Ese es precisamente el sentido del Observatorio Regional de Relaves Mineros: articular el conocimiento técnico con la realidad territorial para que las decisiones estén fundadas en evidencia y no en supuestos. Ese trabajo lo vamos a hacer bien si lo hacemos con esa triple combinación.